lunes, 2 de diciembre de 2013

LUCES DE MONTAÑA

Tampoco... Tampoco nadie me dijo que pudiera.
Un pedazo cada día, un pequeño pedazo cada día. Mastico, trago, asimilo... no comprendo.
Sabía que la nieve volvería, igual que vuelve la luna todos los meses. Miedo.
Absorbiendo la fuerza de los demás, me dejo arrastrar en busca del primer giro que yo no sabía que fuera posible; es una fuerza tan familiar que parece la mía propia.
Un abedul blanco solitario congelado en una cresta de fondo azul espeso infinito; brillando para recordarme que fue un regalo, que todo fue un regalo que cogí sin miramientos porque no podía haberlo hecho de otra forma. Que brilló y brilla a pesar de la dureza del invierno que sacude duro las ramas de la vida. Es una visión que no se va, está allí alzada para obligarme a mirar, para recordarme segundos, minutos, días hermosos con el tiempo paralizado por millones de besos y caricias...
Gira, sube, baja, ya no sabes hacer otra cosa... dice el brillo del hielo depositado por horrorosas noches de frío. Recojo las velas, dejo de aletear para remontar hacia una ola verde inmensa; no puedo quedarme allí.
Volví la vista atrás con la esperanza de encontrar en el frío, la nieve, la roca y el hielo, algo más que una hermosa sonrisa verde, unas pequeñas manos heladas en mi barriga, cientos de palabras... ¿lo vi?. Sí, supongo que sí.
Pienso en fotos, en imágenes... Que curioso, la mejor de este año se compuso el año pasado y no es mía porque aparezco yo en la distancia. ¿Tendré que esperar al año que viene para capturar la mejor de este año?

En el pico Peña Blanca. Asturias-León. 1 de diciembre de 2013. 15:20 h

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