jueves, 17 de julio de 2014

BASE CAMP-CUMBRE STOK KANGRI-BASE CAMP. LADAKH

Los días de cumbre se sabe como y cuando empiezan pero es muy difícil predecir cómo y cúando acabarán. A las doce en punto despertarse. A las doce y media desayuno y a la 1 en marcha.
Acabo de preparar las cosas en la tienda comedor. Muy importante meter té en la botella con funda, mejor si hubiera sido un termo. Desayuno lo suficiente y me muestro interiormente optimista porque la noche no está tan mala: no llueve, no hay aire, no hace demasiado frío y el cielo está parcialmente despejado.
Los primeros pasos siempre son determinantes, te pones en el camino y empiezas a dar uno detrás de otro observando cuales son las reacciones del cuerpo. Aquí que no es una montaña demasiado alta, como un campo 2 de cualquiera de las grandes, todo ha de medirse para no pasarse de revoluciones por querer acabar demasiado pronto, ese puede ser uno de los problemas. El cuerpo perfecto y el ritmo óptimo, no hay ninguna molestia. Asombrado veo la montaña en plena noche como si fuese de día, el camino está sin nieve pero alrededor y hacia arriba empieza a hacerse notar; incluso la ruta presenta algunos neveros que hay que atravesar con cuidado por la profundidad de la huella. Me pregunto cuánto faltará para llegar al glaciar; la respuesta es sobre una hora de marcha lenta pero sin interrupciones. Justo antes de entrar primera pausa y conclusiones, el tiempo no será impedimento para poder subir pero la visibilidad no será buena por la niebla. La conclusión durante la aproximación del día anterior es buenísima; en esta montaña el único impedimento objetivo para subir es el exceso de viento que puede hacer la arista extremadamente peligrosa; hoy no se mueve ni una brizna.
De la gente que salió al menos una hora antes no hay ni rastro, a veces unas pequeñas luces en el cielo anuncian por donde andan y sobre todo lo mucho que falta para la cumbre.
El glaciar se cruza relativamente rápido, no más de media hora, en diagonal bajo la enorme pared que cierra el circo y en diagonal hacia la pared este del Kangri de Stok. No hay grietas, sólo una vez se salta el estrecho y profundo cauce de un canal de fusión.
Sigo bien, mido los pasos y trato de alejar de la mente la posibilidad de que llegué un mareo de los que no tienen remedio. Las piernas, la respiración, el cuerpo en general está perfecto, me encuentro fuertísimo.
El glaciar se acaba y empieza una pared de buena nieve que no supera en principio los 30 grados de inclinación; la marcha se hace más lenta pero sin pausas. Después de unos 20 minutos entre la salida del glaciar bordeando un cordón morrénico, pero ya en el desnivel de la pared hacia la arista, nos detenemos para reponer fuerzas. Noto debilidades: silencio, dudas, ¿falta de ilusión?...llevamos poco más de dos horas de ascenso.
Sin presionar nada deseó continuar hacia arriba. No hace demasiado frío, sigue sin soplar el viento y después de reiniciada la marcha se ven las primeras luces del día. Hace un buen rato que tengo bastante frío en algunos dedos: guantes y bastones, la combinación que siempre acaba con el mismo resultado. Me deshago de los bastones y meto las manos en los bolsillos de la chaqueta, al rato los dedos entran en calor después de notar bastante dolor en alguno de ellos.
La pendiente continúa ahora sobre los 45 grados y cada vez son menos los pasos que se dan para parar a descansar. Este ritmo no hace daño pero así la marcha es demasiado lenta para conseguir alcanzar la cumbre en un tiempo razonable. El cuerpo está bien, las piernas no acusan ni el más mínimo cansancio y no hay rastro del temido mareo que lleva torturando mi mente desde hace demasiado tiempo.
La luz del días se hace cada vez más intensa. Las cosas empiezan a verse de otra forma como siempre que se empieza a escalar de noche. No hay ni rastro de la arista y por encima la inclinada pala de nieve da paso a una banda de rocas... Empiezo a subir a mi ritmo, no demasiado fuerte pero sí bastante más rápido que hasta ahora. Las huellas de los crampones en una nieve muy dura me marcan la ruta y en ningún momento necesito usar el GPS. La pendiente se suaviza al comenzar una larga diagonal por un terreno mixto de roca y nieve, primero hacia la gran pared que cierra el circo y luego en la dirección de la arista que debe llevar a la cumbre. No estoy seguro de cuanto falta y tampoco quiero mirarlo.
Un rato más y la nieve desaparece para dar paso a una banda de roca que veo desde abajo sin poder confirmar si es el inicio de la famosa arista. Al llegar a la parte superior compruebo que sí, que hacia el otro lado no hay nada más que un vacío muy grande. Una hilera de banderas de oración ayuda a corroborar que es un lugar especial. 
Espero durante un buen rato sin saber que hacer, no quiero parar demasiado en este lugar para que empiece a afectarme la altura, excepto un pequeño aturdimiento todo esta perfecto, ni el más mínimo problema. Durante toda la subida puedo ir bebiendo pequeños tragos sin la menor dificultad, tal vez la altura no es demasiado significativa o tal vez hay buena adaptación a esta altura. 
Decido ir para arriba sin esperar más, en mi cabeza está la cumbre. Consulto el GPS y veo que el punto que la señaliza no está más que a 540 m, me limito a alegrarme sin pensar que son 540 m de arista bastante comprometida en torno a los 6000 m de altura. El inicio es un corto filo de nieve helada lo bastante ancho como para no ser nada significativo, pienso que algo así no puede despertar tanta inquietud y me preparo para tramos con más dificultad. Se suceden pasos de roca y nieve con tremendos patios a uno de los lados, la niebla impide ver donde acaban pero es fácil suponer que lo hacen muy abajo. Llevo el piolet en la mano y voy solucionando el entresijo de pasos que se plantean, un invierno de mucha nieve compleja es lo que tiene, ahora no extraño nada y cada paso ya fue dado muchas veces antes. Voy encontrando huellas claras de crampones en la nieve y arañazos en la roca que me indican por donde ir. Pasa un rato, un rato más y otro más... No miro hacia arriba, además la niebla me impediría tener una perspectiva demasiado amplia de lo que falta. Creo que habría transcurrido como una hora cuando empiezo a preguntarme cuándo se acabará la arista, dónde estará la cumbre, me niego a mirar el GPS, siento que ya no puede faltar mucho. Una mancha negra en la blancura de la nieve indica que todavía queda otro resalte, otra esquina de la que salir por arriba. En un punto recuerdo haber pensado algo así como: ¡vaya broma!, de pronto hacia la izquierda nada y hacia la derecha una empinada rampa de nieve helada y un filo delgadísimo por un lado anuncian que sí, que se acabó, que estoy en el punto más alto del Kangri de Stok. El montón de banderas a la derecha del precipicio así lo confirma, ya lo había visto en las fotos. A falta de banderas yo llevo demasiadas cosas intangibles que dejar allí.
Es curioso, sentado en la nieve helada y rodeado por una niebla brillante y espesa tengo un punto de lucidez que me aproxima a la clarividencia, hubiera preferido no pensar con tanta claridad; allí arriba conmigo hay mucha gente, alguna ni siquiera sé si se merece estar allí a pesar de que las vistas no son demasiado buenas, supongo que si aparecen es porque se lo merecen. Tsewang sonríe, supongo que está tan contento como yo. Después de 5 minutos de reflexión, fotos, muchas fotos de nosotros mismos en el filo fino al lado de las banderas, no hay mucho más que fotografiar; bueno, lo hay pero no saldrá en las fotos.
Debemos bajar antes de que la altura nos pegue con mayor crudeza, media hora allí es más que suficiente debido a la intensa niebla que impide gozar de las vistas. Nos bajamos, Tsewang grita un mantra incomprensible: me mira y traduce al inglés, -buena suerte para todos, sonríe y añade, -mucho cuidado en la bajada, vamos a hacerlo con mucho cuidado. Después de un rato de descenso pienso en lo complicado que será para los que vienen por detrás con todo lo que falta. En algunos momentos la niebla se va y permite contemplar impresionantes abismos. Desenfundo rápido la cámara y disparo buscando el aire bajo los pies, la niebla da poca tregua y el vértigo que produce ver todo ese vacío dura en el mejor de los casos unos cuantos segundos.
Voy concentrado en cada paso, ni quiero ni puedo equivocarme. Una fijación; salir cuanto antes y con la mayor seguridad posible de la arista. Debo abandonarla antes de que la altura empiece a hacerme sentir un malestar que sé que llegará complicando los pasos. Ningún cruce, ni con los míos ni con nadie, sólo Tsewang, la arista, la niebla y yo. Nos miramos con desconfianza pidiendo precaución en cada paso...
Rápido, limpio, mucho antes de lo que pensaba llegamos al filo de nieve que anuncia el final; la roca, las banderas de oración y fuera, estamos sobre la banda de rocas que hay sobre la inmensa pala de nieve que conduce al glaciar. Sé que pasó lo peor y me abandono al mínimo esfuerzo, incluso me concedo una pausa para descansar e intentar comer algo. Ya no me noto tan sobrado, molestias en el estómago, un ligero zumbido en los oídos y cansancio, ahora cada cosa, cada paso, cuesta lo doble... comparto un gel energético con Tsewang, sabor Coca Cola con un alto contenido de cafeína, ya los había probado pero aquí costó un mundo tragarlo.
El incierto "guía" de una cordada surrealista me anuncia que se cruzaron hace un rato con Juanjo y con Namgyal que iban hacia abajo después de haber abandonado en el inicio de la arista; buen esfuerzo y sabia decisión.
Varios zigzags por la banda de rocas y la enorme pala de nieve que conduce al glaciar se extiende hacia abajo; no me siento del todo bien porque no soy capaz de desear con fuerza tener las tablas de esquí para salir pronto de allí. Cada paso me hundo hasta los tobillos, a veces más, en una nieve tipo pescadería. Sé que costará salir de allí y siento una necesidad enorme de perder altura cuanto antes. 
La solución la aporta Tswang receloso de los que pueda pensar de su técnica, sin saberlo empieza a ramasear con el piolet bien cogido para controlar la velocidad con el regatón; en una pendiente que en tramos debe andar entre 40-45 grados de inclinación hay que prestar mucha atención para no acabar con un descenso descontrolado y peligroso. Se vuelve y sonríe al ver que yo estoy haciendo lo mismo. La nieve tipo pescadería hace que no se gane demasiada velocidad y por lo tanto el descenso es más cómo, rápido y seguro que hundirse a cada paso, como mínimo, hasta los tobillos. Con varias paradas para colocar bien la ropa e impedir que entre la nieve en menos de veinte minutos estamos en la pedrera que separa la pared del glaciar. Más sonrisas, algunos comentarios sobre la técnica del ramaseo y a atravesar el glaciar; ahora con la luz del día y la niebla que se fue en la parte baja se ven claramente las dimensiones de la pared de hielo que cierra el circo por el noroeste, calculo que tendrá sobre unos 500 m, es tremenda.
Hablamos poco, acumulamos pasos lentos, con la bondad que caracteriza a la gente de estas tierras Tswang me dice que pare cuando quiera, conocedor de que me muevo con lo justo; -una hora y estamos en el campo base, dice.
Con dos paradas más estamos en la rampa de tierra sobre el campo base, la misma en la que la mañana anterior veía a gente regresando de su intento al Stok Kangri machacados por sus sueños. Son poco más de las diez; -qué rápido, pienso. Creí que llevaría más. Con pasos indecisos entro en el campo base, estoy tranquilo y sólo pienso en comprobar si Manolo está en la tienda, por qué si no está ¿yo qué hago? No podría hacer nada con el hilo de fuerza que me queda. Por debajo del avance de la tienda compruebo que sus botas están allí y con unos golpes sobre la lona le anuncio que ya estoy de vuelta.
Unos cuantos pasos más y estoy sentado en la tienda comedor esperando por un té... entra Manolo y nos felicitamos... poco a poco todos van pasando por allí... algunas explicaciones de cómo fue y el cocinero que vuelve a lucirse con su dominio de la patata, si me hubiera preguntado hubiera pedido patatas fritas y Coca Cola; había las dos cosas.
El resto del día pasa lento buscando una recuperación que no llega hasta mediada la tarde cuando Manolo me saca de la ensoñación en la que me encuentro dentro del saco. A partir de aquí podría haber continuado hacia arriba de ser una montaña más alta, un campo base alto tiene recuperaciones más lentas pero aclimataciones más efectivas.


Varias veces intenté salirme del cuerpo pero es difícil convertirse en viajero aunque sólo sea durante unos segundos; noto bienestar, estoy contento, pero... sigue faltando el escalón que se rompió definitivamente hace un año. Se puede vivir así, las dudas quedaron en la arista de este Kangri de Stok donde el efecto mariposa, causado por unas manos blancas, pequeñas y temblorosas, dio su último coletazo por agotamiento.


En la cumbre del Stok Kangri (6.150 m) con Tsewang Gurmat Chomal

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